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Washington inició hoy unas maniobras navales con Seúl junto a la península coreana en las que empleará tres portaaviones nucleares, un despliegue excepcional para responder al desafío de Pyongyang en línea con el mensaje enviado estos días en Asia por el presidente estadounidense, Donald Trump.

EEUU

El singular despliegue provocó la reacción del gobierno norcoreano, que acusó a Trump de haber viajado a Asia para vender armar a sus aliados. 

"No es más que un viaje de negocios de un belicista que busca enriquecer los monopolios de la industria de defensa de los Estados Unidos ordeñando las alcancías de sus 'aliados' subordinados", afirmó un vocero de la Cancillería norcoreana en una nota publicada por la agencia de noticias estatal KCNA.

Durante sus paradas en Japón y Corea del Sur -dos importantes aliados de Washington- al inicio de su gira de esta semana, Trump alardeó de que ambos países realizarían nuevos pedidos millonarios de armamento estadounidense para reforzar su seguridad ante el desafío nuclear norcoreano.

"Trump, durante su visita, puso al descubierto su verdadera naturaleza como destructor de la paz y la estabilidad mundial y suplicó por una guerra nuclear en la península de Corea", agregó la Cancillería.

Asimismo, calificó de "sin sentido" el discurso que el mandatario dio ante el parlamento surcoreano el miércoles pasado, en el que buscó "mantener la rivalidad" entre Corea del Norte y la comunidad internacional "al "demonizar" al país.

La alocución pronunciada por Trump fue un alegato especialmente duro, en el que cargó contra las condiciones de vida de los norcoreanos y contra el gobierno comunista del líder Kim Jong-un.
Además, el mandatario estadounidense defendió el gran despliegue militar de su país en la región y aseveró que quiere "la paz a través de la fuerza".

En el ejercicio militar, que durará hasta el martes y se realiza en el Mar de Japón -conocido como "Mar del Este" en las dos Coreas-, participan los portaaviones de propulsión atómica USS Ronald Reagan, USS Nimitz y USS Theodore Roosevelt, según informó la Marina.
Posicionar tres de los 10 buques de este tipo que posee Estados Unidos en un solo teatro operativo es algo muy poco común en tiempos de paz y viene a subrayar la dureza que Washington está tratando de transmitir al régimen de Kim Jong-un para que ponga freno a sus repetidas pruebas de armas.

Los tres portaaviones van a acceder uno a uno a una parcela al este de la península coreana para realizar el ejercicio durante cuatro días en el umbral de las aguas norcoreanas, según detalló hoy en un comunicado el Estado Mayor Conjunto surcoreano (JCS).
Además de sus respectivos grupos de ataque, se movilizan 11 buques estadounidenses equipados con el sistema antimisiles Aegis y siete navíos de guerra surcoreanos, dos de ellos también con sistema Aegis, informó la agencia EFE.
Es la primera vez que el Pentágono realiza un ejercicio de estas características con la Marina surcoreana además de suponer las primeras maniobras que involucran a tres de sus portaaviones nucleares en 10 años.
La última vez que tres portaaviones de la clase Nimitz tomaron parte a la vez en un simulacro de guerra fue en 2007, en aguas cercanas a la isla de Guam.
En el comunicado del JCS surcoreano se explica que el ejercicio pretende fortalecer y expandir la estrategia de disuasión de ambos aliados de cara a evitar nuevas "provocaciones" de Pyongyang en forma de prueba de armas.

Estos ejercicios tienen lugar después de que Seúl y Washington acordaran en su reciente reunión anual de política defensiva expandir el "despliegue rotacional" de activos militares estratégicos estadounidenses en torno a la península, como bombarderos o portaaviones y submarinos de propulsión nuclear.

Las maniobras están además en línea con el mensaje enviado en la última semana por Trump en el marco de su gira asiática, que encara su recta final tras su asistencia a la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia Pacífico (APEC) que concluyó hoy en Danang, Vietnam.
Durante su visita a China de esta semana el presidente de Estados Unidos se mostró más moderado e incluso medianamente satisfecho con el incremento de la presión que Beijing ejerce sobre Pyongyang.

Sin embargo, en sus paradas anteriores en Japón y Corea del Sur fue especialmente duro con Corea del Norte y escenificó siempre que pudo la solidez de sus alianzas regionales.
Trump condenó rotundamente las violaciones de derechos humanos del régimen y advirtió a Pyongyang de que encara duras consecuencias si sigue desarrollando su programa nuclear y de misiles.

En ese contexto, insistió en mencionar hasta en dos ocasiones el posicionamiento de los tres portaaviones en la región y el poderío destructivo que acarrea esta maquinaria de guerra.
Tras su llegada a la Casa Blanca en enero, la dura retórica de Trump, unida a los continuos ensayos de armas del régimen norcoreano, ha elevado en el último año la tensión regional a niveles inéditos desde el final de la Guerra de Corea (1950-1953).

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